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Entrevista LA VERDAD

June 1, 2014

 

Entrevista de Antonio Arco en LA VERDAD de Murcia, a propósito de la exposición LA TREGUA en Tabacalera Promoción del Arte del Ministerio de Cultura de España.

 

 

 

Creando 'La Tregua' he sentido el miedo de los toreros

 

Dicen unos versos de Derek Walcott: «Al final de esta oración comenzará la lluvia. / Al filo de la lluvia partirá un navío». Esa misma sensación de que algo misterioso y benéfico está a punto de pasar, ese mismo anhelo de que la calle que de nuevo nos espera nos reciba menos áspera y tormentosa, de que ojalá nuestro viaje diario no encalle otra vez tan violentamente en la rutina o en la zozobra, se experimenta cuando el espectador está a punto de finalizar su visita/aventura a la exposición 'La Tregua', que hasta el 22 de junio puede disfrutarse en Madrid, en el edificio Tabacalera (Promoción del Arte), y con la que está logrando un gran éxito el pintor, escultor y escenógrafo Ángel Haro (Valencia, 1958), afincado en Murcia desde que con catorce años abandonó París.

 

Begoña Torres, subdirectora general de Promoción de las Bellas Artes, le propuso hace un año a Haro un reto tan peligroso como apetecible, tan cercano al abismo como sugerente y prometedor: «Poner en práctica una idea muy romántica: la obra de arte total (gesantkunstwerk), término que tiene su origen en el compositor Richard Wagner y en su interés por la creación de una ópera capaz de integrar música, teatro, artes visuales, elementos ambientales, iluminación, efectos de sonido, etcétera, que consiguieran la inmersión total del espectador en el drama». Vaya, no se trata de ninguna tontería. Haro aceptó y, de inmediato, trabajó como un titán y sintió miedo, acelero, pasión, vértigo, subidón, fiebre, excitación, agotamiento, júbilo, emoción, extrañeza y algo que le vino muy bien en las noches oscuras de creación en su vivísimo estudio: fe en sí mismo.

 

El resultado de su esfuerzo y de su talento unidos puede palparse, con un deleite que está provocando asombro en el numeroso público que se está acercando a Tabacalera, dejándose envolver por 'La Tregua', la exposición patrocinada por el Ministerio de Cultura de la que se sale con cara de haber vivido un sueño: habitado por naufragios, retornos a la infancia, viajes imposibles, corazones heridos, amores pendientes, huellas, deseos, ecos que hipnotizan, temores y unas obras plásticas de una fuerza y belleza admirables.

 

Y todo comienza para el espectador contemplando 'Obertura', los restos de un naufragio dándonos la bienvenida. Explica Begoña Torres que «el naufragio representa el final del viaje, la destrucción total, la fuerza implacable de la naturaleza, que desata todos sus elementos contra la especie humana». «Temática muy apreciada por los románticos», añade, «el barco lanzado por el oleaje contra los escollos es símbolo de la exterminación, a la que asisten los hombres como espectadores impotentes. Los naufragios crean, por engaño, falsas esperanzas de salvación, lo que finalmente acarrea -a toda la humanidad- una profunda desesperación».

 

Y, a partir de ahí, un viaje en el que los hallazgos se suceden, en el que te apetece desplazarte con sigilo -como para no despertar a las fieras o a las sombras-, y durante el que flotan en el aire homenajes a Delacroix, Géricault, Friedrich, Turner, Goya y, por supuesto, a Arnold Böcklin, autor de uno de los cuadros más amados por Haro, 'La isla de los muertos'. Avanzas, sin prisas; avanzas, con la sensación de que tú también eres observado por la exposición -pintura, escultura, espacio sonoro, audiovisuales, instalaciones, obras en movimiento...-, y al final del viaje te espera una instalación a la que sientes deseos de aplaudir: 'Estrella del Norte' es una estación de tren en plena noche, con su tren siempre en marcha, hacia todos los lugares y hacia ninguno, que alcanza unos niveles poéticos insospechados y que atrapa por igual a mayores que a niños.

 

Qué ha sido necesario para llegar a hacer realidad 'La Tregua'?

Ha sido necesario mucho trabajo y que me escuchase a mí mismo procurando distraerme lo menos posible. Eso no quiere decir que no haya estado atento al exterior, porque a mí todo lo que pasa a mi alrededor, y sobre todo lo que le sucede a la gente -me refiero a la buena gente-, me sigue importando muchísimo. No niego que me tengo por un animal social, porque me encanta estar con gente, hablar, contagiarme de lo bueno que te ofrecen los demás, estar con los amigos, aprender de los maestros... Pero cuando estoy en mi estudio, dibujando, pintando o lo que sea, peleándome con la obra que tengo delante, no necesito a nadie, me olvido de todo, el tiempo se me pasa volando y hay ocasiones en las que no saldría de allí jamás.

 

¿Qué se ha quedado en el camino?

En el camino se ha quedado una buena parte de mi ingenuidad, pero no me importa mucho porque creo que ese espacio ha sido ocupado por la inteligencia y por una mayor madurez, tanto artística como personal. Y lo digo así de claro porque me he currado mucho el conseguirlo, no he sido ni un cobarde, ni un vago, ni he querido vivir de las rentas, ni del cuento, ni aprovechar las modas, ni venderme ni al mejor postor ni a ningún postor que entrase en contradicción con el arte en el que creo y con el modo de vida que defiendo: ser siempre tú mismo, pase lo que pase.

 

¿Qué ha comprobado creando 'La Tregua'?

Por ejemplo, que una exposición de estas características no la hubiera podido hacer con 20 años, o que de haberla hecho el resultado habría sido, seguro, una chapuza. De joven se tiene frescura, que está muy bien, pero no se tiene experiencia, que está todavía mejor y que es muy necesaria.

 

¿Ha sentido miedo?

Sí. Creando 'La Tregua' he sentido el miedo de los toreros, que es un miedo constructivo que hace que, sabiendo pelearte con él, termines actuando con valentía. En mitad de todo lo que te revoluciona por dentro y por fuera la creación, procuro mantener la cabeza fría. El miedo es un motor fantástico del arte.

 

¿Qué no ha tenido más remedio que tener para llevar a buen puerto está exposición?

Desde luego, no he tenido más remedio que tener seguridad en mí mismo y no dudar de mis posibilidades, porque el reto era muy grande y el deseo de no defraudar a quienes confían en mí, también. Me gusta pelear, soy combativo, no me retiro mientras me quede un mínimo de fuerza, pero reconozco que es la exposición más difícil a la que me he enfrentado. La primera vez que vi el espacio de Tabacalera, entendí que lo que no podía hacer para este lugar era una exposición de pintura y escultura sin más, porque es un espacio que impone muchísimo, que devora, y no tienes más remedio que dialogar con él si no quieres que se coma tus obras y que acabe contigo. Sus viejas paredes están pobladas de 'voces' y no puedes silenciarlas.

Planteé esta exposición como si se tratase de una inmersión en una ópera; no es una exposición para ser mirada, sino para ser vivida. Es una experiencia que requiere de la complicidad del espectador, que precisa de sus emociones, de sus recuerdos, de su curiosidad...

 

Hay una pieza muy sexual, 'Odalisca', a la que ha dado casi un tratamiento de reliquia sagrada.

Es una pieza que a nadie le deja indiferente. Tiene exotismo, sexualidad, vitalidad. Quería jugar con la voluptuosidad de esa figura que es como una gran vagina, como una gran boca que te acoge, que se te ofrece. Y también me interesaba mostrar cómo la carne que somos está soportada por una estructura perfecta, nuestro esqueleto. 'Odalisca' es una vagina que, elevada y potenciada por la luz [la iluminación de la exposición es obra del jumillano Pedro Yagüe], se convierte casi en algo sagrado, de culto. La relación entre lo carnal y lo espiritual siempre es muy atractiva.

 

Errores

 

¿Cómo reacciona cuando su trabajo recibe críticas negativas?

No tengo ningún problema en reconocer mis errores, en que me hagan replantearme las cosas, en debatir con argumentos todo lo que sea necesario. No temo al debate, a la confrontación de ideas, me gusta argumentar y sé perfectamente que puedo estar equivocado. Entre otras cosas, ya sabemos cómo son las convicciones; se pueden esfumar con facilidad si estás abierto al mundo.

 

¿Cómo le ha dejado 'La Tregua'?

Ha sido un trabajo agotador, físicamente ha habido días en los que he acabado doblado literalmente, pero no me quejo en absoluto. Ha merecido tanto la pena, veo a la gente salir tan satisfecha de la exposición, a los amigos tan felices, a mis colaboradores tan orgullosos, a los organizadores tan contentos... Siempre he considerado que crear requiere tener una capacidad grande de sufrimiento, lo que no es incompatible con saber disfrutar de los momentos indescriptibles de gozo que hacerlo te provoca. Por no hablar de lo bien que le viene a tu cabeza. Sin este trabajo, sin duda que yo andaría mucho más perdido, o al menos tendría menos capacidad de afrontar la realidad. Puede que, a veces, la realidad me asuste, pero eso no me impide plantarle cara.

 

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