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Crítica LA VERDAD

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Artículo LA VERDAD

November 28, 2019

«Hasta el último día, yo voy a estar disfrutando. Como decía Zorba el Griego, 'esto es un glorioso desastre'», cuenta Ángel Haro (Valencia, 1958), afincado en Murcia desde que con catorce años abandonó París, donde pasó su infancia. Pintor, escultor, escenógrafo, artista con mayúsculas de una creatividad inagotable, mañana, en el Centro Párraga de Murcia -dependiente de la Consejería de Educación y Cultura- inaugura su nueva exposición, 'Zona intermitente', «una instalación de piezas, que previamente han jugado un papel en proyectos escénicos, tanto personales como realizados por encargo, y que ahora se juntan, por vez primera, para dialogar entre ellas». Piezas artísticas que van desde las empleadas en la 'performance' titulada 'Río Negro', que interpretó con gran impacto Abraham Hurtado, hasta las proyecciones -de dos mil dibujos poéticos, bellísimos...- ideadas por el artista para arropar la interpretación escénica de 'Carmina Burana', de Carl Orff, cuyo estreno tuvo lugar en el Auditorio regional el pasado 14de junio. En 'Zona intermitente', que ocupará, hasta el 12 de enero de 2020, los espacios 2 y 3 del Párraga, dialogan, inquietan, persuaden, impactan, emocionan... un total de 25 «piezas artísticas que han tenido, todas ellas, una función escénica». Función escénica que ha brillado en obras de teatro, producciones de ópera, ambientaciones de piezas musicales y, también, en exposiciones de pintura y escultura y en instalaciones de marcado carácter teatral en las que Haro se ha implicado siempre con un entusiasmo que es 'marca de la casa'. Todas las obras mostradas en el Párraga «nacen de mi vocación por entender un espacio, acotarlo y manejarlo».

 

-¿Qué le atrae de los escenarios?

 

-La capacidad que tienen de que se genere en ellos una fantasía, una ilusión que contagie al espectador. La idea de poder generar un mundo paralelo en un espacio acotado me ha atraído desde siempre. Ángel Haro es un trabajador incansable, un creador que asume retos constantes y que no se conforma jamás con lo ya logrado. En 'Zona intermitente' hay piezas señeras que formaron parte de proyectos que permanecen en la memoria de cuantos espectadores tuvieron la suerte de poder presenciarlos. Es el caso de 'Mapa de estrellas', un telón de grandes dimensiones que se lució en su día en el interior de la Mina Agrupa Vicenta, en La Unión, formando parte en 2011 de la exposición 'Eco de Cíclopes', de una belleza salvaje que dejaba sin habla; una experiencia expositiva fascinante. «Un telón teatral que jamás se ha usado con ese fin», indica el artista, que ha seleccionado con sumo cuidado cada uno de los vídeos, las pinturas, las esculturas, los dibujos, las maquetas, los cuadernos de trabajo, las proyecciones y las fotografías ahora al alcance del público. «En todas esas libretas, que siempre acompañan a mis proyectos desde el principio, pueden verse desde las primeras ideas planteadas, a las soluciones finales que dieron lugar a las obras», explica Haro, que es consciente de que faltan en el Párraga algunas obras emblemáticas de su producción de carácter escénico, sobre todo la instalación 'Obertura', creada para la exposición 'La tregua', que pudo disfrutarse en Tabacalera Madrid en 2014 y que, posteriormente, coincidiendo con el Festival Mucho Más Mayo de Cartagena, ocupó la sala de exposiciones temporales del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua). 'Obertura' es un navío de madera consumida por tantos años de vida peleando con el mar; una pieza poética y desgastada por el salitre y el tiempo voraz, mostrada en tres fragmentos que aumentan su atmósfera perturbadora y el grito silencioso en nombre de tanto ser humano errante entre olvidos, rechazos y peligro de muerte; 'Obertura' es un viejísimo pecio, en su día cargado de atunes en su vientre, que ha disfrutado de cientos de amaneceres de fuego en nuestro Mediterráneo.

 

 

Las que sí están, imponentes, son las cinco cabezas de caballo, construidas con metales reciclados, creadas por Haro para que formasen parte en 2014 del montaje 'Equus', de Peter Shaffer, dirigido por Paco Macià en el TCM y que contó con la presencia de un estremecedor Jaime Lorente dando vida al joven Alan Strang. Un espectáculo en el que resaltaba la atmósfera escenográfica creada por el artista murciano, quien ideó un coso/pista de circo/medialina de rodeo que tenían que rodear los espectadores como si de un círculo de fuego se tratase. Y allí se lucían estas escultóricas cabezas de equino que beben del esplendor de las que se hallaron en el hipódromo de Constantinopla, que hoy pueden ser admiradas en Venecia.

También están incluidos en 'Zona intermitente' una serie de vídeos que permitían, durante la representación de 'El sueño de la razón', de Buero Vallejo, también puesta en pie por Macià en 2012, que el espectador viese delante de sus ojos cómo las 'pinturas negras' de Goya cobraban vida gracias a un trabajo de videoarte, de pintura filmada, que convierte en personajes de carne y hueso, envueltos en una atmósfera onírica que seduce al espectador por su fuerza y oscura belleza, a los seres fantasmales protagonistas de estampas irrepetibles como el 'Duelo a garrotazos' o el 'Aquelarre' de brujas con el 'Gran Cabrón' presidiendo la escena.

Haro, también diseñador gráfico, cartelista y 'constructor' de los llamados 'juguetes del fin del mundo', que crea con materiales recogidos por él en África y en la India y que le han proporcionado «mucha felicidad», es autor de intervenciones plásticas en montajes que han tenido un gran éxito de público, como fue el caso, en 2016, de 'El pintor de batallas', la adaptación escénica de la novela homónima de Arturo Pérez-Reverte que firmó Antonio Álamo. Respecto a la parte artística del montaje, la escenografía era obra de Curt Allen Wilmer, y la pintura mural que co-protagonizaba la función quedó en manos del artista murciano, que consiguió con su trabajo el elogio de toda la crítica.

«A lo mejor no hay por qué alargar más la existencia de la especie humana, ¿para qué?»

 

-¿Qué espera del espectador que acuda a disfrutar de la exposición 'Zona intermitente'?

 

-Me apetece mucho que quienes recorran estos espacios puedan contarse a sí mismos su propia historia. Espero que todo lo que muestro invite a cada espectador a estar consigo mismo, y que las piezas sean como el telón de fondo de su pensamiento. Para mí, el arte es un detonante que consigue llevar la cabeza de cada uno a un sitio distinto, aunque todos estén delante de la misma pieza.

 

-¿En qué momento cree que llega esta nueva exposición suya?

 

-Soy muy pesimista, aunque un pesimista activo que se levanta cada mañana con ganas de hacer cosas y de no perder el tiempo. Pero no creo que esto [nuestra sociedad actual, digamos] tenga salvación, sinceramente. Incluso con respecto al arte, que para mí ha sido como un espacio de salvación personal, ahora me he convencido de que solo sensibiliza a los sensibles. Al tipo que niega que en España hay violencia de género, por ejemplo, estoy convencido de que no le va a sensibilizar nada de lo que yo hago. Además, creo que el ser humano ha conseguido y desarrollado cosas magníficas a lo largo de los siglos, y que quizás ya hemos hecho bastante y ya está bien. A lo mejor no hay por qué alargar más la existencia de la especie humana, ¿para qué? En algún momento habrá que acabar con esto, y no pasará nada. Al final, somos una especie más dentro de un granito de arena en mitad del Universo, que el día que nos vayamos seguirá funcionando tan campante. Eso sí, yo voy a estar disfrutando hasta el último día. Como aseguraba Zorba el Griego, 'esto es un glorioso desastre'».

 

Jugar
 

Cuando los hijos de Haro [y de la diseñadora y fotógrafa Isabel del Moral] eran pequeños, disfrutaba meciéndolos sobre su pecho desnudo, como si fuese un barco de carga, una canoa, un arca, un velero o un pequeño Titanic, llamado a no naufragar jamás, en amoroso y salvaje movimiento. Desde siempre, a solas y con los suyos, le ha gustado jugar, construir historias paralelas, embellecer la realidad con el arte. Y vivir, siempre le ha gustado vivir a este enamorado del cuadro de Arnold Böcklin 'La isla de los muertos', pese a que él contagia vitalidad incluso en los tiempos en los que las tormentas se suceden en la vida real.

 

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