TIEMPO Y SOMBRA (2021)
Time and shadow

Diálogo entre los artistas Ángel Haro y Alberto García-Alix. TIEMPO Y SOMBRA comisariada por Begoña Torres en el museo Lázaro Galdiano de Madrid del 25 de noviembre de 2021 al 30 de enero de 2022. Espacio sonoro: Duos de Béla Bartók interpretados por Enrico Onofri y Lina Tur editado por el sello Panclassics.

Dialogue of the artists Ángel Haro and Alberto García-Alix. TIME AN SHADOW  curated by Begoña Torres at the Lázaro Galdiano museum in Madrid from November 25, 2021 to January 30, 2022. Sound space: Duos de Béla Bartók interpreted by Enrico Onofri and Lina Tur edited by Panclassics.

NATURA
NATURA

Collage, tinta sobre papel e impresión fotográfica 105 x 238 cm.

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TECTURA 1
TECTURA 1

Collage, tinta sobre papel e impresión fotográfica 130 x 115 cm.

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TECTURA 3
TECTURA 3

Collage, tinta sobre papel e impresión fotográfica 125 x 115 cm.

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NATURA
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Collage, tinta sobre papel e impresión fotográfica 105 x 238 cm.

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Catálogo Tiempo y sombra

EL ASOMBRO. Ángel Haro

 

Hubo un tiempo en que el tiempo era el portador de los misterios. Un tiempo, donde habitaba entre las tinieblas la materia de los temores y deseos. En ese entonces la luz era inconcreta, fluctuante y la superficie donde se posaban las sombras, irregular y orgánica. Cada algo tenía su envergadura y hasta los espectros eran tangibles, presentes físicos. Las sombras fueron durante siglos la entrada a lo imaginado y su trasiego nos proporcionó el poder de influir en el ánimo de nuestros semejantes. A ese oficio de prestado, que no acabamos de manejar sin torpeza, lo llamamos: creación y a su efecto: asombro.

 

Asombrar, sacar a la luz lo oculto, no es tarea fácil. Si se acaba aceptando la labor hay que faenar, a lomos de la providencia, entre el tiempo y lo oculto.

 

En este ahora instantáneo e instagrámeo, cualquier objeto o imagen por vasto que sea, tiene irremediablemente el formato y la textura del LCD que tenemos en nuestras manos. Creemos abreviar el tiempo necesario para acceder a hondura de los misterios pero es una simple quimera, un autoengaño. Repetimos la letanía tecnológica para no admitir que consumimos estímulos nonatos que sólo alimentan la primera mirada.

 

De la necesidad de volver a pasar el tiempo necesario frente a las sombras para que surja el asombro, nace este diálogo que se inició en París una noche de invierno del año 2004.

TIEMPO Y SOMBRA. Alberto García-Alix

 

Compartimos un diálogo. Nos fusionamos en un latido común y acompasado.

El tiempo asola al tiempo. Lo hace volar, lo ilumina y lo oculta.

Fondo de sombras. Naturaleza de carne y tinta. Espinas y ladrillos.

 

Un aletear de pájaros…

 

Un devenir e irse. Una recreación constante.

El tiempo como una máscara.

Lo efímero lo llevamos escrito en el rostro.

Somos salvajes enfrentados a un futuro que nos transmuta.

 

 

 

                                                                                             

TIEMPO Y SOMBRA. ALIX-HARO, HARO-ALIX

 

La tarea del arte consiste en explorar los límites de la experiencia, en mostrar la infinita y laberíntica complejidad de lo humano, indagando en la orilla de un abismo arriesgado y también compartido, capaz de conducirnos a zonas de la experiencia a las que, de otra manera y como meros espectadores, nunca hubiéramos tenido la osadía de asomarnos. 

 

Esto es precisamente lo que consiguen llevar a cabo Alix-Haro, Haro-Alix en esta exposición, que además de ser una apuesta muy valiente, es un proyecto de reflexión, una correspondencia estimulante y productiva entre dos artistas, sus maneras de hacer, sus trayectorias, sus dicciones, procedimientos y sus diversas capacidades técnicas.

 

No se trata de una confrontación, no es un combate o un duelo, es un “cara a cara” que genera una intensa y genial complicidad, en la que cada uno cuenta con su propia voz.  Aun trabajando desde naturalezas que pueden parecer opuestas y a pesar de ser plenamente conscientes del carácter necesariamente incompleto y solitario de la experiencia creadora, ambos están dispuestos a explorar caminos que no muchos más se atreven a transitar.

 

Es también un dialogo entre los diversos lenguajes y medios artísticos (escultura, pintura, fotografía, video, etc.) donde los dos  se desprenden de sus conocimientos previos para llegar a una nueva síntesis, a un replanteamiento del hecho artístico, que abordan desde caminos completamente personales y sensibilidades compartidas.

 

Con el tiempo y la sombra como motivo central, como soporte de su propuesta, son capaces de adentrarse en un terreno que tiene mucho de inexplorado y de búsqueda personal, de tensión dialéctica entre temas tan fascinantes como el doble y el espejo, la realidad y la ficción, el “otro” y el “yo”, la noche y el sueño, la ilusión y el engaño, la memoria y lo inasible, en un juego constante entre diversas iconografías y lenguajes que se entrecruzan y yuxtaponen.

 

En el siglo XVIII se inicia un criterio científico que pretendía encajonar el mundo real en un sistema racional de “verdades”, ordenado y regido por leyes absolutas e inamovibles. Por el contrario, en la esfera del arte, se avivaba un proceso que se centraba fundamentalmente en el hombre, lo que daba lugar a una percepción y visión introspectiva y subjetiva, a una realidad interior. Se trataba del antiguo valor catártico y terapéutico, que revaloriza al fantasma, el drama inconsciente del ser humano.

 

La idea y la comprensión del tiempo y también de la memoria progresivamente se vieron modificadas. Desde hace ya años sabemos que hay diferentes formas de tiempo y, no solamente, la matriz objetiva del tiempo del reloj. El tiempo no se contempla como algo simplemente neutral y objetivo, sino como un medio que permite comparaciones y equivalencias de movimientos, a través del espacio. Entra en juego un factor fundamental que es el psicológico, el subjetivo, el tiempo como una construcción humana y no solo como algo inherente o esencial a la naturaleza.

 

Así lo han argumentado gran cantidad de filósofos y pensadores: Nietzsche, con su teoría del eterno retorno y del éxtasis dionisiaco, había perfilado la salida del tiempo histórico, acompañado siempre de la constante interrogación acerca del propio ser. Para Heidegger el tiempo debía ser visto como la naturaleza de la subjetividad humana. Más específicamente Bergson argumentaba que el tiempo y la memoria tienen que ser entendidos desde el punto de vista de la temporalidad personal. Para Mead lo real es el presente y, el pasado, se construye en relación con la realidad del presente. La memoria se ve envuelta entonces en una serie de sentidos diferentes; esto es precisamente de lo que hablaba Proust, cuando se refería a que nuestros brazos o piernas son nuestra memoria. Cada momento del pasado se construye de nuevo, es continuamente recreado

 

Los artistas empiezan a ser conscientes de que la realidad ya no es algo tangible e inmutable, sino que cambia con las diversas condiciones físicas. La representación del mundo ya no es nítida y precisa, sino que se fractura, borrandose sus fronteras, como humo.

 

Herederos de esta larga tradición tan Romántica, Alberto y Ángel consiguen dar rienda suelta a su verdadera vocación: buscar en la realidad de la lucidez, del sueño, del recuerdo, de la alucinación y en cualquier otra parte.

 

Sus obras se interpretan entonces como las esquirlas, como los fragmentos de un todo des­conocido, irrecuperable. La máxima calderoniana se revela en toda su potencia: todo parece suceder en un sueño, porque la idea de que toda la vida es onírica es más verdadera que cualquier historia que pueda ser inventada jamás. Ambos sueñan que siguen avanzando en su relato, lo deforman según las leyes del sueño, regresando luego a la guarida de su soledad, en lo más profundo de la tierra, en la cueva descrita por Platón.

 

En palabras de Henry Maldiney, “lo Real es eso que no esperamos” y, por eso, en este punto, podemos entender la exposición como una única instalación, un dispositivo que pone al descubierto una “escenografía” que se encamina hacia una reconstrucción o mejor una deconstrucción y hacia una ocultación encubierta en diversas capas, que llega a anular lo real.

 

Las obras parecen exceder sus propios contornos, responden a una concepción de la temporalidad construida a partir de fragmentos, ruinas y huellas, creando matices que pertenecen al mundo de nuestra imaginación, de nuestras percepciones, de los sueños y las fantasías, los mitos, los delirios y de los significados más ocultos.

 

Como en una proyección fantasmagórica, se construye un discurso, una “ficción”, una alegoría llevada a cabo con imágenes “confiscadas” uno del otro, “canibalizándose” mutuamente en una muy particular metodología combinatoria, en la que se crean interesantísimas correspondencias entre la fotografía, la pintura, la escultura, el vídeo, el cine, que activan inesperados rendimientos poéticos.

 

En la proyección titulada “tiempo y sombra” las sombras de ambos artistas se van encontrando, van buscando su modo de ajuste. Un artefacto, como una esfera armilar de una tecnología desconocida, plateado, engrasado y que podría ser una estructura contenedora de taqués y volantes, engranajes, ruedas dentadas, cremalleras y otros mecanismos propios de los interiores de un reloj, ordena esos movimientos tan evidentemente precisos –una vuelta por minuto- que parecen desesperados por ser descifrados.

 

Si permaneces unos pocos minutos ante estas imágenes enigmáticas -ya que el enigma es el signo de lo incompleto- puedes observar que todo cambia de forma, como sueños que esperan a ser interpretados, como impulsos que configuran en la superficie unas ondas que conducen a una profundidad virtual, inexplicable.

 

Tal vez ese movimiento se acompase con el latido de nuestro corazón y entonces éste no sea sino el metrónomo que mide el tiempo que se nos concede para alcanzar una respuesta… tal vez estemos perdidos si llegamos al último latido y no hemos comprendido nada del inmenso puzzle en el que consiste la vida.

 

Son, como lo es toda la exposición, fragmentos, pequeñas fichas de un rompecabezas, piezas consecutivas de una conversación ininterrumpida, una imagen simultáneamente entera y fragmentada de la que no todos tenemos la clave, ya que son muy pocos los capaces de descubrir los sistemas de sujeción, las grapas con las que se ensamblan cierta clase de recuerdos y sueños.

 

La idea de sombra no tiene un significado unívoco, ya que engloba numerosas connotaciones, sentidos y un múltiple lenguaje simbólico y figurativo. No es tanto una negación o una ausencia de luz, sino que, siguiendo la idea romántica de oscuridad desarrollada en Novalis y Victor Hugo, tiene cualidades propias y enigmáticas, que escapan a la conciencia y a la percepción cotidiana. La sombra es fugacidad, evanescencia, ilusión, engaño, noche, tiniebla, oscuridad, niebla, inconsciente, sueño, simulacro, espejo, lo “otro”, alma, identidad, en fin, algo que no es definible con precisión, porque su naturaleza es incorpórea e inasible.

 

Las sombras de Alberto son de procedencia fotográfica, siempre jugando con el blanco, el negro y los grises. Curiosamente en el siglo XIX, en los albores del desarrollo de la imagen fotográfica, algunos consideraron el nuevo procedimiento técnico, no solo en  su dimensión más científica, sino como "the art of fixing a shadow" - el arte de fijar una sombra-  en palabras de Henry Fox Talbot ( "Some Account of the Art of Photogenic Drawing", enero de 1839): " la más transitoria de las cosas, la sombra, emblema de cuanto es efímero y momentáneo, puede ser encadenada por los conjuros de nuestra "magia natural", y retenida para siempre en la posición que pareciera destinada a ocupar un solo instante ".

 

La sombra- lo más parecido a la desmaterialización y a la invisibilidad del hombre- era algo lógicamente opuesto al discurso científico, ya que estaba asociado a la magia, a la ilusión, a las sesiones espiritistas, al teatro y las fantasmagorías, en fin, al truco y el engaño.

 

Parece que Talbot conoció personalmente a Adelbert von Chamisso, el escritor de La maravillosa historia de Peter Schlemihl (Peter Schlemihls wundersame Geschichte), escrita en 1813 y claro “antecedente” de la famosa novela de ciencia ficción, creada por H.G. Wells , en 1897– The Invisible Man-.

 

El cultivo de las sombras fue una tarea a veces arriesgada también para los pintores, como ocurrió con los integrantes de la escuela impresionista, cuyo uso continuado de sombras coloreadas, vapores y humos llevó a algún crítico de la época -como Huysmans- a diagnosticarles de un extraño desorden nervioso, equiparando la visión impresionista con la de los locos e histéricos. Así de ingrata ha sido siempre la crítica.

 

Las sombras de Angel tienen como soporte la tinta china. La analogía entre la sombra y la tinta, es antigua. No en vano ya en el legendario Bestiario se especificaba que el animal que produce la tinta - la sepia- segrega, junto con su fluido de tinta, el de la desesperación, siendo precisamente estas dos substancian las que se mezclan en el negro.

 

Tinta negra de la melancolía, de brillo oscuro, de cuya superficie brillante nace una imagen que, como un sol negro, nos pone delante de los ojos, reflejado como en un espejo, el polvo y la ceniza de nuestra existencia. Siempre he pensado que las manchas de tinta o de grasa en las portadas de un cuaderno de un artista son tan reveladoras como un test de personalidad.

 

La última proyección se titula Sauvages. El salvaje siempre es el “otro”, el no domesticado, el bárbaro y diferente. Recorremos en ella multitud de rostros que asoman abruptamente en primer plano, un amplio repertorio de seres humanos con inequívocas identidades que circulan por la pantalla y que se van diluyendo, desvaneciendo en otros seres, indefinidos, rostros que no son de esta tierra, sino de un imperio lejano y extraño. Retazos de un mundo que no entenderemos jamás.

 

Este procedimiento tiene mucho de ilusionismo barroco, arcimboldiano, un nuevo teatro alegórico conectado también con la idea de melancolía que, Walter Benjamin describió en su Origen del drama barroco. Como el escritor, Haro y Alix han venido “ al mundo bajo el signo de Saturno: el astro de revolución más lenta, el planeta de las desviaciones y demoras” y también de la concentración en el proceso creativo ya que, por su relación con el dios griego Kronos, nos transmite estructura y disciplina para construir nuestras vidas de manera íntegra.

 

Por eso en todos estos retratos revolotea, tras la silueta humana, un cierto componente de soledad, implícito en la tarea de llevar adelante el proceso creativo individual. Por ello también ambos –al igual que si se hicieran añicos y les costara recuperar su forma inicial- han tenido la valentía de arrancarse la careta y la máscara, han utilizado sus obras como construcción de su propio personaje, para narrar también su propia historia, como instrumentos de los que se valen para pensar y recrear su vida. 

 

Porque el sujeto solamente se puede considerar como algo completo cuando se ha manifestado en el mundo y el significado, incluso la existencia del “Yo”, depende de su aparición con respecto a “lo otro".

 

Yo y el otro, todos los universos infinitos y posibles generados por las múltiples elecciones y accidentes de la vida, en los que vivimos simultáneamente, incrustados en la realidad irreal. Ya que ¡Qué real es también la ficción ¡. En esta exposición Alix-Haro, Haro-Alix han sido capaces de ver con otro tipo de mirada y detectar las fisuras y los signos, los artefactos escondidos y los vínculos oscuros del simulacro que es el mundo.

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