La nuit mecanique (2021)

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Bajo el sugerente título de “La nuit mecanique”, que desde el primer momento nos advierte del espíritu inconformista del artista Ángel Haro, se agrupan una serie de obras inéditas, creadas exprofeso tanto conceptual como formalmente para el espacio de la Galería Isolina Arbulu. Esta novedad en su factura no las desvía sin embargo de las que vienen siendo las constantes artísticas y vitales del pintor desde hace décadas.  Se nos manifiestan en tres conjuntos de disciplinas que Ángel utiliza para dar cuerpo a su intensidad creativa y que tienen como resultado final una exposición vibrante, cuyo recorrido creeremos hacerlo a bordo de uno de los asientos del vagón delantero de una montaña rusa.  Mientras, el artista, como un padre que ve a sus hijos como disfrutan colgados de las alturas, nos vigilará desde abajo con una sonrisa picarona.

 

La pintura

 

Dos grandes óleos sobre lienzo y diez acrílicos sobre papel nos introducen, a partir de la representación de objetos en espacios interiores, en un juego visual que pone a prueba nuestro sistema de percepción.  Llevados a cabo de una manera tradicional, si es que así se puede denominar al dibujo y la pintura, tanto en el lienzo como en el papel, se entrecruzan diferentes planos que consiguen llevarnos a una especie de dislocación espacial, a una cierta pérdida de la estabilidad visual, a sentir algo similar a un mareo escénico, que nos deviene inquietos y que nos fuerza a necesitar asirnos a algo concreto para poder situarnos de verdad frente a una realidad.Contribuyen a experimentar esta sensación las que podríamos llamar irrupciones o interrupciones pictóricas de superficie. Unas veces las manchas con trazo grueso de pintura, otras las delgadas líneas de color y demás ejemplos de los muchos recursos que el artista domina para evitar que el espectador tenga una percepción clara de lo que quiere representar. El objeto central, que tiene ecos en diferentes puntos del espacio pictórico, aparece generalmente muy contrastado, en base a una iluminación lateral que produce inquietantes sombras y que pone de manifiesto otra de las constantes y las debilidades de Ángel, el claroscuro. Desplegadas sus armas de seducción para que caigamos atrapados en su telaraña de emociones, el artista parece conseguir sus objetivos y llevarnos al punto de preguntarnos ¿qué estamos viendo? ¿una silla, un compás o un trampolín?

El assemblage

 

Es en ese momento, cuando aparecen en el espacio expositivo, frente a nosotros, dos grandes esculturas, dispuestas así por Ángel para que podamos alcanzar esa realidad que el artista consiguió que anhelásemos cuando, en un primer momento, nos abdujo misteriosamente hacia su abstracto mundo interior.  Son quizá sus únicas concesiones, un momento de tregua. En las dos obras que presenta en la exposición se hacen evidentes su manifestada predilección por el dadá y los movimientos artísticos posteriores originados en Francia en la década de los 50 y los 60. Una mecánica constructiva que desarrolla utilizando simples objetos encontrados en su totalidad y fragmentos de ellos, estableciendo conexiones, un dialogo basado en conjunciones formales por él diseñadas. Los recursos estilísticos del artista se hacen de nuevo evidentes y consigue el objetivo de que las dos obras se hagan dueñas y señoras del espacio circundante. La policromía en las dos piezas contribuye a recortar su figura en el espacio y dotarlas así de una presencia muy poderosa.

 

La Instalación

 

Cambio de tercio de nuevo. Esas mismas esculturas que hace un momento se erigían majestuosas en el espacio, hieráticas, se tornan juguetonas y comienzan a moverse. Ha llegado el momento de soñar, de dejarnos llevar otra vez por nuestra imaginación. Nada es absoluto en la obra de Ángel Haro. Cuando realiza escenografías para el teatro, o acontecimientos musicales, suele utilizar el lenguaje artístico, cuando realiza instalaciones artísticas, echa mano de recursos escenográficos, disciplina en la que también es un experto y reconocido profesional. De esta guisa, la invasión del espacio por parte del artista es total, al igual que la inmersión a la que nos invita.  Un lúdico ejercicio de volúmenes en movimiento, la iluminación y las sombras. Es el Ángel Haro fascinado por la literatura científica, por los viajes espaciales de los astronautas, por las órbitas que desarrollan los cuerpos celestes, como la estela de luz que dejaremos nosotros mientras seamos viajeros a través de su emocionante y evocadora noche mecánica.   

 

 

 

Emilio Navarro. Comisario de la exposición