La voz sumergida (2004)

The submerged voice

EI 12 de agosto de 2000 en las gélidas aguas del mar de Barents, en pleno círculo polar artico, el submarino nuclear KURSK, con 118 tripulantes abordo, sufrió una explosión y se hundió a 100 metros de profundidad. Comienza así la historia trágica de un rescate imposible. Los dos batiscafos enviados para acoplarse a la escotilla del submarino fracasan. Se intenta con un tercero pero no hay exito.

 

El hallazgo de una nota informativa escrita dos días mas tarde por el teniente de 27 años Dimitri Kolesnikov reveló al mundo que alguno de los tripulantes del KURSK había sobrevivido a las dos explosiones y se refugio en la popa, a la espera de un rescate que nunca Ilegaría. Inspirados en esta nota y la necesidad vital de lanzar la voz mas alla de nuestro final se han creado esta carpeta de grabados y poemas, como canto al asombroso instinto de contar el mundo en un ultimo acto consciente. (Grabados Ángel Haro / Poemas Francisco Carpio)

(Nota encontrada en el uniforme del teniente Dimitri Kolesnikov)

 

14 – 8 –2000. 

 

13,34 h. Todos los tripulantes de los compartimentos sexto, séptimo y octavo se han pasado  noveno.  Aquí estamos 23. Tomamos esta conclusión como consecuencia del accidente. Ninguno de nosotros puede subir a la superficie.

                              

13.58 h. .........

 

15.45h. Para Ólenchka.

Te quiero no estés muy triste. Saluda a G.V. Saluda también a mi familia.

Esto está muy oscuro, escribo a ciegas. Intentaré seguir con el tacto. Parece que no hay posibilidades, un 10 % o 20 %. Espero que alguien lea esto.

Esta es la lista de la tripulación que está en la sección 9 que está intentando salir.

 

 

Rashid R. Ariapov ,  Aleksey G. Balanov, Aleksey V. Mitiayev, Viacheslav V. Maykagashev,  Aleksey A. Korkin,  Dmitriy  R. Kolesnikov, Fanis M. Ishmuradov, Vladimir S. Sadovoy,  Roman V. Kubikov,  Aleksey N. Nekrasov,  Reshid R. Zubaydullin, Ilya S. Naliotov,  Roman V. Anikiyev ,  Vladimir A. Kozadiorov,  Sergey V. Sadilenko,  Viktor V. Kuznetsov, Robert A. Gesler,  Andrey M. Borisov ,  Roman V. Martynov,  Viktor Yu. Sidiuhin

Yuriy A. Borisov,  Aleksandr V. Brazhkin, Vasiliy E. Ivanov, Mikhail A. Bochkov

SILENCIO  (Mensaje en una botella)

 

Me hundo en ti, en tus ojos y en tu alma, como el auténtico submarino, en silencio y sin levantar espuma del mar. El valiente capitán es desde este momento tu preso eterno y no quiere la libertad. (último poema de D. Kolesnikov)

 

 

 

Me hundo en ti                        y en tu alma, como                         submarino   en

silencio y sin                   espuma.                  El valiente capitán es

                tu preso eterno.

 

 

Me hundo            en tus ojos y en                               el auténtico

silencio                                          del mar. El                   capitán        de      este

                                eterno  no.

 

 

                                  tus ojos           tu alma              el

silencio                                             el mar

                                          y                la libertad.

 

 

                             en  tus  ojos y en tu  alma             el

silencio                                                                            valiente

                                            no quiere la libertad.

 

 

       hundo en ti

silencio   y                        espuma del mar.

 

 

silencio.

BURBUJAS

 

La asfixia es la religión de los pulmones anegados.

 

La oscuridad es un vestido de noche.

 

Hundirse es bucear por el líquido amniótico del fin.

 

Morir se escribe con M de Mar.

 

El capitán Nemo entra y sale de mi cerebro.

 

Un hombre ahogándose es como un cantante silencioso.

 

Las burbujas de aire son los puntos suspensivos que escriben los ahogados.

 

Algas, peces y burbujas son mi única escritura.

 

Siento la presión del agua como el cruel abrazo de un niño gigante.

 

Rezar ahora únicamente es malgastar un poco más de oxígeno.

 

Mi venganza es un papel doblado dentro de una bolsa de plástico.

 

Los hijos que nunca tendré me leerán en cada grano de arena.

 

Alicia y los peces abisales me miran a través de este húmedo espejo.

 

Soñar bajo el mar hace que los sueños sean doblemente borrosos.

 

La Muerte es la única mujer aquí abajo.

 

Tocar la Sinfonía del Abismo con una partitura mojada.

 

Una tumba de corales para mi cuerpo. Una mortaja de olvido para mi espíritu.

 

La barba y las uñas seguirán creciendo. La muerte seguirá respirando.

PUERTA BLANCA. PUERTA NEGRA

 

Somos una trampa del Tiempo, la encapsulada crisálida de una gran mentira, el cofre congelado de ese preci(o)so segundo que vivimos antes de que nos arrojen a ser adultos.

 

Aquí el tiempo es azul grisáceo y viscoso como una extraña miel descolorida, resbalando lentamente por el cristal de las horas. Denso. El tiempo ya no tiene sentido porque ya no queda tiempo. Tan cruel como un mar de sal secándose en el valle de tu vientre.

 

El ridículo suelo que habito es sólo un ridículo mapa de pisadas desesperadas, el inútil dibujo de una huella blanca y negra. Una lágrima-rectángulo blanca y negra. La puerta blanca y negra que abro con mis estériles plegarias. La puerta blanca y negra que cierro con mis obsesivas suelas.

 

Duermo mi sueño, a la espera de poder despertar de esta atroz yegua de la noche, en un sarcófago de turbinas desteñidas.  Mi impotencia ya ha perdido todos sus colores.

 

El tiempo es un fotograma azulado, lleno de peldaños oscuros; es un negativo rayado, herido por los agujeros del recuerdo; es un fotolito marcado a sangre por simas, llagas y montañas: las huellas dactilares de la existencia. El tiempo es la impresión emulsionada de la memoria. Me queda muy poco tiempo. Me quedan muy pocas imágenes.

 

Desnudo, veo mis genitales balancearse como los grotescos péndulos de un reloj. Quizás ya soy el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA MASCARA DE NIEVE

 

Esta noche una larga línea blanca ha atravesado el mapa de mi cerebro, y lo ha dividido en dos. Un dibujo en diagonal, blanco y recto como el rastro de una uña sobre la carne de una pequeña criatura o de una tierna víscera. Tal vez la locura es poder ver esta atroz marca.

 

He descubierto que el espacio de mi cabeza es más grande aún que este asfixiante espacio en el que me encuentro. Mis ojos han resbalado por sus cuencas, se han sumergido en el océano gris frío del cerebro. Veo líneas blancas y negras, veo rectángulos y siluetas, veo manchas y costras lechosas, veo constelaciones y sarpullidos de estrellas.

 

Bucear en la ciega mar de una ciénaga; avanzar, avanzar hasta que el espacio abisal se convierte en una profunda pregunta: ¿Volveré a ver la luz de mis ojos reflejarse en el agua de los tuyos?

 

Abrir puertas para sólo encontrar más puertas.

 

El frío es un metálico abrazo del que nunca podremos liberarnos; es un gélido viajero que recorre tus arterias, tus músculos, el túnel de los huesos, convirtiendo tu cuerpo en un paisaje de cristal helado. En la blanca mueca de una máscara de nieve.

 

Helarse es caer por un dulce abismo y sentir el frío beso del final sobre tu frente.

 

Las mantas cubren a mis compañeros muertos. A mí sólo me cubre la débil llama de tu recuerdo.

 

Ahora sé que el río de mi vida ya se ha congelado.

 

GEOMETRIA DE LA ASFIXIA

 

Sin oxígeno, el cerebro es un cuadrado negro y las ideas se transforman en gaseosos embriones, en blandas geografías de neblina, en ciudades de éter azul ahogado.

 

Los sueños son, entonces, gotas de semen flotando en el mar amniótico del recuerdo; son, entonces, lluvia de saliva naufragando en la líquida sal del olvido; son, entonces, partículas de luz viajando a la deriva por el humor vítreo de la muerte.

 

Sin oxígeno, las ideas, el lento y reconocible desfile de lo cotidiano, el hastío y el desencanto, incluso el dolor, la ausencia de un cuerpo amado o el futuro, se convierten solo en palabras irrespirables. Lo verdaderamente importante es mendigar un humilde beso de aire, otro más, otro más…

 

Cada nueva respiración es un milagro en forma de rectángulo, un milagro negro, gris, azulado, un blanco esfuerzo que convierte el aire en la graciosa dádiva de un dios apiadado. En la monocroma geometría que precede a la asfixia.

 

Tras el ataúd de cristal de mi camarote veo a dos hombres luchar por un gramo de oxígeno, una lucha épica y bufa que observo desde el trono de la inmóvil piedad. Dos cuerpos que se enlazan y retuercen como dos joyas moribundas engastadas en la carne. Dos hombres se devoran entre cantos y risas negras. Y yo no puedo hacer nada. Rojo corazón, víscera de sangre y vino en el cáliz de unas mandíbulas.

 

Un postrer movimiento y la atávica danza cesa; la desesperada necesidad de respirar ha terminado uniendo sus bocas en un beso letal. La vida siempre frota sus labios con los de la muerte.

LETRAS DE SOMBRA

 

Una constelación de soles blancos y negros se dibuja en el firmamento del cerebro. Una engañosa vía láctea que sólo existe ya en mi(s) delirio(s).

 

Huellas de planetas rebotando, como un balón de luz, en las ciegas retinas de la ceguera. Diez golpes de luz, tres golpes de sombra, campanadas en el reloj de la ardiente oscuridad. El luminoso idioma morse de los planetas.

 

Necesidad de ver el sol; de sentir la quemazón de sus cabellos sobre el mapa de la piel; de orinarle rubia cerveza invocando a Wothan; de cerrar los ojos y ver gusanos rosas sobre un cielo verde y doloroso; necesidad de escribir la palabra vida con letras de sombra.

 

Soles circulares iluminan mi esperanza. Soles cuadrados apagan mi mirada.

 

La luz es una doncella vestido de blanco calor. La oscuridad es una tarántula que desova negro en la órbita de mis ojos.

 

Si tuviera fuerzas y luz para soñar, este sería mi sueño: Un cáliz fulgente lleno de hielo ardiente, balanceándose sobre los senos de Olga.

 

Ya soy Homero.